Estamos en obras. Disculpen las molestias.

Últimamente leo numerosas publicaciones en las que las palabras “amor propio” se nombra en demasiadas ocasiones. Algunos artículos proponen trabajar de manera continuada en uno mismo con la intención de aumentar los niveles de autoestima del individuo, señalando reiteradamente que considerarse una prioridad no es egoísmo sino amor por uno mismo. Es sorprendente que en los tiempos que corren la raza humana todavía necesite de este tipo de consejos a la carta acompañados a veces de cursos de autoestima online, retiros de silencio, mantras para el alma, piedras para el equilibrio y un sinfín de técnicas y poses que nos hacen enamorarnos tanto de nosotros que no sólo nos autoestimamos sino que nos idolatramos, adoramos y nos pedanteamos por el simple hecho de habernos hecho un cursillo a distancia con un gurú salido de algún lugar silvestre que seguramente se haya autobautizado con un nombre más apropiado para su condición de guía. Los que me conocen bien saben que no estoy ni en contra ni a favor de este tipo de técnicas lo que me incómoda más bien es la pose que llevan arraigada pareciéndome cada vez más ridículo, debe ser que me estoy haciendo vieja, el hecho de creernos que por hacer contorsionismo estamos iluminados. Pero lo que realmente me resulta más espantoso es que escaseen publicaciones en las que se mencione que el darse a los demás forma parte del crecimiento personal y que el hombre como animal social requiere del afecto y la generosidad para un crecimiento sano e integrador dentro de la interconexión que supone la existencia con el resto de los seres humanos que habitan este planeta, pareciera que es imprescindible prefabricar a la carta el individualismo para cocinar a fuego lento el ego pandémico que nos hace rivales en muchas de las áreas transversales del camino que transitamos y me temo que nuestro “yo esencial” anda en extinción a punto de convertirse en un “yo vacío” a medida que llena su contenedor de emociones con la férrea idea de ser lo más parecido a un ser irreal bajo el prisma de una sociedad que elimina poco a poco la necesaria búsqueda del “qué soy” potenciando el “tú eres por encima de todo”.

No quiero decir con esto que tenemos que dejarnos de lado para hacer hueco al resto de las personas que llegan a nuestra vida, pues no todas encajarán dentro del puzle del que estamos compuestos, un puzle que cambia de piezas a medida que vamos evolucionando con los ojos del interior bien abiertos, pero si que entendamos que cada una de las personas que forman parte de nuestro escenario están para hacernos comprender en qué posición nos encontramos  dentro de la escala de valores que nos retroalimentan. Creer que para evitar situaciones traumáticas o desagradables debemos de amarnos por encima del resto lo único que provocará es el aumento de nuestra propia incapacidad ya que al no verbalizarnos desde el amor colocamos medidas limitantes para con nosotros mismos, impidiéndonos aprehender la lección que cualquier relación de desavenencia nos puede enseñar, por ejemplo, lo que no toleramos o lo que hemos aprendido a tolerar. Por favor que no se me malinterprete, no pretendo animar al personal a que se dejen putear por cualquier personaje secundario que aparezca en el ensayo general de su propia obra vital, parto de la idea de que somos lo suficientemente inteligentes como para diferenciar la maldad de la bondad, pero si que distingan el significado de amor propio versus egocentrismo. Vicente M. Simón explica muy bien el significado de Ego considerándolo como “constructo mental que contiene, básicamente, la imagen que uno tiene de sí mismo” y habla en su estudio “El ego, la conciencia y las emociones. Un modelo interactivo” del proceso de corte y empaquetamiento que el cerebro humano realiza, un proceso neuronal en el que nos empeñamos hasta convertirnos en la imagen que hemos inventado promovida por tendencias externas que nos hacen creer que es de ese modo y no de otro como debemos interactuar con el resto. Ese es el quid de la cuestión, el mensaje subliminal de amor propio nos hará creer que si nos amamos por encima del resto seremos más valorados y posiblemente lo seamos pero por personas que están exentas de la sensibilidad necesaria para entendernos pues en su modelo neuronal a la vez también resuena la imperiosa necesidad de amarse por encima del resto por lo que en el lenguaje emocional de estos dos seres no existe la suficiente inteligencia como para manejar sus emociones de ahí que muchos de los conflictos entre parejas de hecho, matrimonios, compañeros de vida, seres humanos racionales, gobernantes de naciones y el resto de la población mundial tengan que ver con la falta de capacidad en la cesión de espacios, comprensión y entendimiento que se traduce en división y marcaje de fronteras ya sea dentro del salón de casa, terrenos, pasos colindantes o países fragmentados con controles fronterizos infranqueables exentos de comunicación.

El ego es una infraestructura y como tal hay que evitar que se convierta en la imagen que proyectamos al exterior pues esos patrones neuronales compiten constantemente para hacerse con el patrón de conducta que determinará nuestra forma de actuar de un modo y no de otro. Sea como fuera animo a que en vez de amarnos tanto estemos en obra, nos reforcemos en la idea de hacer reforma en la casa, poner la tarima flotante, alicatar o que nos alicaten con mucha delicadeza, observar bien nuestra pared y pintarlas de colores cálidos, cocinarnos y cocinar para los demás, colocar flores y oler todos los aromas, invitarnos a una tarde de cuidados para nosotros mismos e intercalarla con una tarde de amor para otro u otros. Si alguien dice que su comida estaba más rica que la tuya regala silencio pues es solo que la cadena de su patrón se ha salido y ha ganado la parte más egocéntrica. Estoy convencida que no hay otra forma mejor de amarse a uno mismo sino es amando a los demás.

Alma

Una etérea figura del tamaño de una pelota de tenis olvidada es el Alma y es necesario trascender para no teorizar ni discernir.  De ella no se puede dudar, pues mucho antes de llegar a esta existencia ya existía y mucho antes de elegir a los que andarían el camino con nosotros ya anduvo por otros caminos. Es el Alma la única esencia verdadera del hombre y es la materia su único escondrijo. Es en su escondite donde nos pone a prueba y nos alerta. A prueba porque es ignorada en muchas ocasiones por nuestra forma de obrar y alerta porque nos advierte cuando estamos obrando. El Alma necesita calma. Calma para el Alma pues esta vida no esta hecha para los humanos, pero nosotros nos empeñamos en decorarnos de baratijas inservibles, a saber, la soberbia, el egoísmo, la codicia, la ira y no es oro todo lo que reluce, a medida que nos dejamos llevar por nuestros adornos vamos apagando nuestra esencia. A diferencia de nuestra boca que es una leona y por nuestras palabras terminamos en muchas ocasiones devorados, el Alma es silenciosa y sólo se pronuncia cuando el portador es capaz de entender que de nada sirve el decorado si no se esta alineado con ella.

El alma viajera se agolpa en la garganta cuando quiere hablar y se hace grande en majestuosidad cuando quiere salir de su prisión para visitar a otras almas. No hay ni tiempo ni distancia para ella. No hay nada falso en su conocimiento. No hay nada irresistible para su intuición. Las Almas viejas que han venido a este plano de la existencia se reencuentran y las Almas jóvenes que acaban de aterrizar se tropiezan con las grandezas de un mundo que no es más que un escenario, un teatro en el que la vida es el decorado y ellos los protagonistas. Son del Alma las virtudes exentas de deseo, pero como es elevada y sabe donde reside deja que nos embarquemos en todas las novedades mientras nuestra funda se funde entre sentimientos encontrados y cuerpos desbaratados. No alinearnos con ella es no alinearnos con el significado más profundo de nuestro paseo. No centrarnos en su bienestar es negarnos la paz ante tanto ruido. No ser capaces de ver y de sentir con el Alma es andar ciegos por la vida. De nada sirven los falsos profetas de una era moderna que confunden la espiritualidad con la moda. De nada sirven las modas que nos imponen espiritualidad. Carecen de significado los pulpitos donde se colocan los falsos guías que adoctrinan y los falsos maestros que repiten como papagayos lo que han escuchado o leído. De nada sirve no sentir desde lo más profundo su palabra que como brisa fresca rodea a algunos afortunados y les conecta con la sensibilidad de otros. Los hombres y mujeres de Alma no se rigen por la apariencia, los hombres y mujeres de Alma se rigen por la bondad y aportan la luz de sus lámparas devolviéndonos a la pureza inicial.

En el Alma blanca que es capaz de hablarte al oído cohabitan la fuerza de todos los elementos y el semblante de lo recto pues es ella la que libra toda la batalla para llegar a un camino de perfección que buscará en sus innumerables vidas de supuesta corta duración, vidas que para muchos hombres se hacen eternas.  Si algo hay que cuidar es el Alma que perdura infinita regalando la capacidad de dar a manos llenas, amando. Detenerse a escucharla cuando se encuentra en desequilibrio con la realidad vital es reencontrarse en la piedad para con uno mismo.

El Alma en su íntima encrucijada entre lo divino y lo humano necesita de habitáculos diferentes en una morada. Estos habitáculos no son más que el emocionante viaje de su hallazgo y la consciencia plena de su existencia. Reconocida solo queda darle el lugar que se merece, el más grande de todos los lugares, pues ella perdura a la podredumbre del cuerpo y como el que separa la paja del grano una vez que la encontramos de frente no hay retorno posible a lo que fuiste antes de su descubrimiento. Nada tienen que ver los refugios silenciosos para hablar con y desde el Alma, pues mientras el cuerpo baila ella puede mantenerse en posición de rezo. Ni todas las enseñanzas, ni todos los viajes, ni todos los proverbios, ni todos los rezos, serán suficientes para un Alma que se debate a medio camino.

Es hora de una quietud interna que nos haga soportable el movimiento, es hora de enderezarse con el Alma como única arma posible ante tanto humano desconsuelo.

Los Yorubas

Los Yoruba son oriundos del antiguo Dahomey, de Togo y de una gran parte del sudoeste de Nigeria, desde la costa de Guinea al sur, y desde el Golfo de Benin, al oeste, hasta el Dahomey. Esta región del África Ecuatorial posee zonas de grandes bosques con un clima cálido y húmedo.

Con el término yoruba se identificaban a todas las tribus que hablaban la misma lengua, aún cuando no estuvieran agrupadas como comunidad. Además de este vínculo de carácter linguístico, poseían creencias de origen común y aún cuando existían múltiples dialectos propios de los diversos grupos tribales, la raíz cultural de todos los yoruba era única.

Se conoce que existió un gran imperio Ifé, que se extendía desde el Ghana actual hasta más allá del valle del Niger; pero cuando los primeros traficantes negreros llegaron a la costa de Nigeria, este imperio se encontraba en decadencia. Los yoruba estaban agrupados entonces en pequeños reinos independientes en pleno estado de descomposición y guerras.

No obstante el desarrollo social y artístico alcanzado por los yorubas, es a través de su religión, de gran imaginación, vitalidad y colorido, que produce su penetración e influencia en el continente americano.

Los yoruba adoraban a santos u orishas antropomórficos que representaban a su vez elementos de la naturaleza y poseían todas las virtudes y vicios de los mortales; aman la danza, los adornos, las fiestas y las comidas. Es por ello que la mayoría de las deidades dependían de las historias de las aldeas en que aparecían como protectores, relacionando a los mismos con un conjunto de muertos que surgen de un ancestro común. Son precisamente los ancestros con aché (poder) los que se transformaron en orishas, transformación que ocurría al ser quemada la parte material del individuo quedando así sólo el poder o aché en estado de energía pura. Pero para poder iniciar el culto a este orisha era indispensable que alguno de sus familiares estableciera un fundamento (odú) que consistía en una cazuela que sirviera como contendedor del objeto-soporte de la fuerza o aché del orisha.

Esta especie de relación familiar entre el orisha y el mortal se evidencia aún más a través de la posesión del humano por parte del orisha. El candidato, elegido por la divinidad, debía ser, en sus orígenes, uno de sus descendientes. Llamado elegún (elegido) o iyawo (mujer del orisha), podía ser hombre o mujer, siempre que existiera un vínculo de sangre con el dios, estableciéndose en la ceremonia un ambiente familiar al expresar el orisha sus consejos, saludos y gracias a través del elegún.

El orisha, como fuerza inmaterial podía también presentar diversas modalidades en su comportamiento, los caminos, que no alteran por ello su concepción fundamental. “Los caminos de los santos son como las raíces de una misma mata. El santo es uno solo”.

Todos los historiadores coinciden al afirmar que el colonizador español fue más tolerante que el francés con los esclavos traídos de Africa. Uno de los aspectos que caracterizó la colonia iberoamericana fue la permisividad que tenían las dotaciones de esclavos para realizar sus festividades netamente africanas. Sin saberlo realmente, al permitirles entonar sus cantos, hacer su música y bailar sus danzas, se les estaba dejando libre el camino para una plena liturgia religiosa. Y, a la par, continuaba la cristianización de los negros, imponiéndoles una religión desconocida con nuevas divinidades.

Para el esclavo traído a Cuba, no fue difícil identificar sus antiguos dioses con determinados santos católicos, pues factores como el color, los atributos, así como paisajes de sus leyendas, presentaban en algunos casos gran similitud. Como resultado de este choque, necesario para su integración a una nueva vida y sociedad, se produjo en la mente del hombre esclavo el culto a un ente definido, mezcla del orisha africano y el santo católico, aunque las características determinantes eran africanas.

Pero no sólo la santería tuvo como base fundamental el animismo-politeísta de los cultos africanos y la religión católica, sino que la adoración de la imaginería así como ciertas supersticiones procedentes de España constituyeron igualmente fuentes de gran importancia para su aparición. Al producirse la yuxtaposición, como resultante del proceso de transculturización, dió como resultado una nueva forma, específica e indivisible: la santería o adoración fetichista fervorosa de los santos.

Es así como surge una nueva religión popular denominada vulgarmente con éste nombre, resultante del sincretismo de las dos culturas en el aspecto religioso. La santería fue la religión más extendida entre la población negra, especialmente en La Habana, Matanzas y Las Villas. Basada en un mundo mágico, equilibrado y armónico, donde todo debe de estar en su lugar, tuvo que ser modificada al ser adaptado a las nuevas circunstancias y contexto económico-social. Sin embargo, seguían considerando a Ifé la ciudad sagrada, por serlo originariamente en el mundo africano de los yoruba.

Los elementos de esta cultura, mucho más rica que las demás, sirvieron de moldes para el nacimiento y ajuste de expresiones trans-culturadas que hoy son parte del acervo cultural cubano.

“De psicopatías y otras manías”

Identificar que se ha mantenido durante años una relación intermitente con un psicópata emocional es muy difícil de conseguir por si solo y necesita o bien de un apoyo terapéutico especializado o de terapias alternativas que provoquen el choque, en muchas ocasiones traumático, ante un escenario en el que todo lo acontecido es fruto de la manipulación de un ser carente de empatía. Los psicópatas integrados se encuentran entre nosotros y son enfermos patológicos (que no saben que lo son) con una alta dependencia a la testosterona y un hambre voraz por las emociones, manipulando a sus víctimas dentro de relaciones románticas y sexualmente activas para después pasar al desapego y la indiferencia, llevándolas hacia el camino de la destrucción pues no son capaces de ponerse en el lugar de los demás debido a su falta de conciencia. El psicópata emocional trata a las personas como objeto y al igual que el daltónico no diferencia los colores, éste no diferencia las emociones pues pueden entender lo que piensas pero no lo que puedes llegar a sentir.

En el caso de las relaciones en bucle con un psicópata encantador el escenario es mucho más angustioso pues la grandiosidad en la que se colocan es lo que le alimenta. Cuando se trata de amantes, donde uno de ellos es psicópata narcisista, su necesidad de conquista será fruto del sentido de objeto que le proporciona su víctima como un trofeo que abandonará en la repisa de los premios para ir a por otro distinto, en el mejor de los casos, o intercalándolo con el que mantiene en vilo. Estas tendencias impulsivas de cazador son un grave trastorno de la personalidad combinado con un auténtico manejo de la culpa o del remordimiento que sembrará una trayectoria de cadáveres arruinados emocionalmente, mientras el psicópata se hace pasar por un comprensivo ser humano que fascina a muchas personas debido a su pose amable y servicial. El funcionamiento del cerebro del psicópata es diferente al del resto de la población, cuando un psicópata intenta analizar una foto o palabra con carga emocional las partes de su cerebro no se activan del mismo modo que las del resto de ahí que su neutralidad ante las sensaciones externas o sentimientos de otros no afecten a su vida diaria por lo que dañará de manera reiterada a varias personas en una sola vida con sus comportamientos inherentes de moral.

Una vez que se reconoce que la relación en la que el egocentrismo extremo combinados con el encanto personal del sujeto que domina a su antojo te ha mantenido anulada bajo el detenimiento del cerebro emocional (la parte del cerebro más antigua que compartimos con los mamíferos) pues no serás capaz ni de racionalizar ni de intelectualizar situaciones incomprensibles en las que el psicópata te merma, es urgente entender que la persona con la que mantienes una relación íntima es experto en engañar. Para ellos el sexo contigo es una vía de satisfacción para la seducción, jugando logran saciar su necesidad de poder. Por ejemplo, el psicópata que tiene una necesidad sexual fuerte buscará una persona que le satisfaga manteniendo un sexo fuerte hasta desahogar su energía hostil que en ocasiones combinará con un romanticismo victimista para conseguir el dinero que sustente su economía cuando se encuentra a la baja. La realidad es que el psicópata emocional es un narcisista altamente mentiroso que se enfadará en caso de no dominar a su víctima y para conseguir no alejarla con la intención de continuar manteniendo la dominación a la que es adicto inventará varias tretas, a saber, pedir perdón, recordarle situaciones del pasado donde supuestamente  había una unión, negar cualquier relación paralela, volver al cabo del tiempo a buscarla y un sinfín de situaciones que harán que la víctima vuelva a caer creyendo en la buena voluntad del enfermo que la engancha con su comportamiento a sensaciones únicamente comparables con algunos efectos que producen las drogas, pues bajo el manto  de la manipulación sutil consigue provocarla altibajos de euforia y caídas de auténtica tristeza.

Si la víctima se mantiene fuerte en su decisión de no volver a tener ninguna relación con el psicópata, este hambriento emocional hará todo tipo de movimientos para conseguir no perder de vista a su presa, desde mensajes, llamadas telefónicas, encuentros casuales, comentarios en redes sociales dirigidos a ella (en caso de ser bloqueado de las mismas creación de nuevos perfiles para seguir observando su actividad desde la lejanía con la absoluta confianza de que en algún momento podrá volver a lanzarse sobre ella). Por su parte la víctima (que sufrirá de ataques de ansiedad, tristeza extrema, codependencia al psicópata) deberá aplicar el contacto cero, una de las técnicas más difíciles de llevar a cabo cuando de sentimientos se trata. Hay que tener en cuenta que estamos ante persona devastadas y utilizadas que tienen que hacer un ejercicio de reconocimiento profundo para poder entender de dónde viene el problema en la elección de este tipo de sujetos, pues la víctima llega hasta esa trampa eligiendo a la persona equivocada  y lo hace porque resulta ser la representación del concepto de amor erróneamente forjado por experiencias de la infancia o de la época adulta donde ese sentimiento se concibe como doloroso y no como el instrumento a través del cual dos individuos se retroalimentan desde el respeto mutuo. El contacto cero es la única forma de salir de una relación tóxica y enfermiza en la que se ha visto sometida de forma repetitiva al cabo de los años pues los roles en el juego del psicópata fueron bien definidos desde el inicio. Cuando el contacto cero se pone en práctica para un psicópata emocional no hay nada más ofensivo, el ser ignorado es un insulto para su ego por lo que no es de extrañar que utilice todo tipo de versiones en contra de su víctima para aislarla de las personas que tienen una imagen diferente a la que él pretende crear, mintiendo una vez más sobre la personalidad de la que fue su marioneta.

Ser víctima de un plan bien articulado y ser consciente de él con suficiente madurez y objetividad es profundamente enriquecedor. El sometido se recupera saliendo mucho más fortalecido y con las ideas más claras sobre lo que requiere para su vida y los papeles se ven invertidos pues el psicópata acumula rencor y lo aplica siempre que puede para perjudicar directa o indirectamente. Sin embargo, una vez superado a este individuo cualquier acción que lleve a cabo no tendrá ninguna reacción pues, aunque la piedad forma parte del alma humana, en el caso del trato con el psicópata emocional ésta debe ser descartada del mismo modo que él no la tuvo al utilizarte para su propio beneficio.

Soy muy guarrilla pero soy muy romántica

Aquí donde me ves soy una romántica empedernida amante de las coplas, para que te hagas una idea del nivel de embobamiento que tengo entre las piernas a mí me recitas en pelotas “que yo me la lleve al río creyendo que era mozuela y luego tenía mario” y te aseguro que invento la versión del kamasutra 3.0 con contorsionismo incluido. Como todo lo “muy” me sale por los poros he hecho todo tipo de experimentos para intentar equilibrar dos polos opuestos que me tienen desquiciaita, aunque intente disimularlo bajo una apariencia de serenidad bien ensayada y un aire de cultureta que se disuelve a medida que me tomo un copazo, porque además de ser muy romántica soy muy guarrilla y aunque con los años voy controlando a cada una de las mujeres que contengo, múltiples y variadas, si me pones a prueba en un moto club me enamoro de todos mientras les enseño las tetas, porque también soy un ser amistoso y sociable. Como además soy tan sensible como una bomba atómica es imposible calcular cuando voy a explotar y aunque esto a primera vista puede parecer un inconveniente, me ha salvado en muchas ocasiones, evitando que deje de añadir nombres a la lista de tres cifras pues solamente pensar que se me va la vida sin haber retozado (que bonita palabra) lo suficiente, me provoca una hiperactividad acompañada de un calentamiento global que aumenta las ganas de amar con las ganas de conocer a más y más “machos camachos” y así no hay quien pueda vivir tranquila.  

No es de extrañar que en medio de cualquier cita parezca que me quedo en el limbo y mi acompañante de turno se preocupe por mi salud mental o piense que me desdoblo en cualquier bar de carretera para viajar a  Filipinas, mientras me tomo un donuts con un batido de chocolate pensando en las musarañas, sin que se note lo más mínimo que lo que estoy es calculando como voy a organizarme para despedirme del que me enciende  esas mariposas en el estómago cuando no he desayunado lo suficiente después de una noche de pasión, con la intención de llegar a tiempo a la cita que estoy cerrando por teléfono para que me devoren otra vez. Y es que vivo un calvario constante porque lo que para cualquier ser humano  “hacer el amor” significa caricias y arrumacos para mí o viene precedido de un sexo sucio y asquerosísimo o ya te puedes ir haciendo a la idea de no volver a verme porque me aburro  como una mona enjaulada y me da por buscar otro plátano de Canarias, de Cuenca o Alburquerque. Como no puedo evitar ser una entusiasta de todo lo que la vida me presenta y  creo fervientemente que todo el mundo tiene su público no es de extrañar que yo sea siempre la que está en primera fila tirando las bragas. Nadie se hace una idea, salvo que haya pasado una noche conmigo, cosa que dudo mucho porque conmigo es imposible pasar una sola noche, que detrás de una personalidad tan marcada se esconde un quítate tu pa ponerme yo, capaz de darte la vuelta como un calcetín mientras convoco a los ángeles y los arcángeles si consigues llevarme a un más allá en un más acá.  

Si a esto le añades que nada de lo que hago es superficial te convertirás en el hombre de mi vida en un abrir y cerrar de ojos junto con el resto de los hombres de mi vida a los que valoro por encima de todas las cosas, sobre todo, cuando les da por experimentar conmigo porque como además nací para andar colgada por las ramas y comer poco, soy lo más parecido a un lugar en el que descansar después de recrear todas las fantasías animadas de ayer y de hoy que te prohibieron en casa. Y es que no hay nada más bonito como sentir amor a raudales mientras yo les doy el higuito y ellos me dan la pera.

Para defender mi postura bipolar confieso que he dejado huellas imborrables en los lugares más inesperados: mis manos están en la  pared de un apartamento en Portugal, mi potencia desmedida descolgó la cama del mueble de una habitación en San Juan de Puerto Rico, he dejado parte de las yemas de mis dedos en el gotele de un bajo interior en Ciudad Jardín, he roto el baldosín de una cocina con mis rodillas, he escrito intensos poemas de amor en el culo de un bailarín de ballet, me he desnudado en los portales del Madrid de los Austrias, he follado a cuarenta grados en medio de un prao bajo un plástico, he cantado “tu lo que quieres es que te coma el tigre” utilizando de micro un vibrador al que le puse nombre mientras amenazaba a un ejecutivo agresivo que tuvo que pasar por él si quería pasar por mí y me han embadurnado de nata, chocolate, miel, mostaza y kétchup a partes iguales mientras descubría una elasticidad heredada de la época en la que hacía el spagat sin saber, por aquel entonces, que la educación física combinada con la literatura del romanticismo harían de mi a la pedazo de golfa que me enorgullece cada día más con sus buenos modales y saber estar.

Aggayú/Aggayú Solá (San Cristóbal). Apuntes sobre folklore afro-cubano

Orisha mayor. Considerado por algunos como el padre de Changó y por otros como el hermano mayor de éste. Es el Orisha de la tierra seca, deidad del desierto. Patrón de los cargadores, estibadores, remeros, caminantes, automovilistas y aviadores. Es el patrón de la Ciudad de la Habana.

Posee incalculable energía, pues es el dueño de las fuerzas terrenales, la potencia de los ríos, de la lava que perfora los volcanes, de los terremotos que rompen la tierra. Su temperamento es belicoso y temible. Su refugio es la palma, donde se esconde ante el peligro. Es amigo de los niños a los que pasea sobre los hombros, con un andar característico de pasos largos y levantando muy alto las piernas.

PATTAKI DE AGGAYU SOLA:

Aggayú Solá, dueño de las corrientes del río, era un gigante poderoso y temido. Ayudaba a cruzar las aguas siempre que se le pagara por ello. Una vez, al ayudar a Yemayá (otros dicen que era Ochún) y no tener ella como pagarle, se acostó con él para no enfurecerlo. De esta unión nació Changó, aunque Aggayú no supo nada. Pasado el tiempo, Changó entro en casa de Aggayú sin temer las futuras consecuencias, comiéndose toda su comida y acostándose a dormir en su estera. Al regresar Aggayú del campo y ver al intruso lo tiró dentro de una hoguera. Observando que no ardía lo llevo a la orilla del mar con intención de ahogarlo; apareció entonces Yemayá quien muy solemne le confeso que era su hijo. Desde entonces, Changó y Aggayú se llevan bien.

SINCRETISMO:

Aggayú Solá se sincretiza con San Cristóbal, patrono de la Ciudad de la Habana. Cuenta la leyenda que Cristóbal era gigante en estatura, en cierta ocasión ayudó a los hombres a cruzar el río, ancho y caudaloso, que dividía la ciudad impidiendo la unión entre familias y los seres queridos. Su día se celebra el 25 de Julio.

COLOR: Rojo ladrillo o cacao.

NÚMERO: 9

ATRIBUTO: Oché (hacha bipeine, roja y blanca, adornada con abalorios amarillos, rojos y azules); oggué (dos cuernos de novillo), bandé de colores diversos.

COLLARES: De cuentas alternadas en colores cacao, azul turquesa, verde y amarillos.

ROPA: Pantalones y chaquetilla de color rojo oscuro con bandé a base de pañuelos o tiras de diversos colores.

COMIDAS FAVORITAS: fruta llamada pitabaya; kimbobó; berenjena; frutas de todo tipo; nueve galletas grandes untadas con manteca de corojo.

ANIMALES: toro, chivo, gallo, paloma o guinea.

RECEPTACULO: Lebrillo de madera o de barro, decorado con siete colores.

HIJOS: Hombres violentos y coléricos, físicamente poderosos. Amigos de los niños y muy sensibles ante cualquier humano indefenso o frágil.

REZO A AGGAYÚ SOLÁ:

Agayú Sólá kí-ní-bá kí-ní-bá

soguna Ayaroro kinibaco amé

miniyo. Obatalá ayuba gudagua. Agó.

Otro:

Agayú Solá kinibá cholu

siba eloni. Agó.

Las palabras olvidadas

Los años de vida se resumen en unas cajas de cartón, en un cubo de basura, en un estercolero, en una marioneta de trapos inservibles, en un kilometraje a cero trucado, en una soledad desconocida que abruma. Volver a reescribirse resulta insultante, sin embargo, es necesario afilar bien la punta del lápiz y comenzar de nuevo. La estanquera de la Calle El Nardo me vendió los últimos paquetes de un tabaco que ya no iré a comprarla, con una única frase de desconsuelo: estamos aquí de paso. Mi respuesta fue una mueca en forma de sonrisa o una de esas sonrisas que a medias te dan una media aprobación para una media frase que ya todos a estas alturas conocemos. Me he cansado de un yo que no reconozco. La imagen inventada del éxito es una caricatura. He ido despidiéndome a paso de tortuga de una casa que me ha mantenido lejos de todo lo que no fuera encontrar el oro para otros. Embalo las cajas pensando que debo coger fuerzas suficientes para no caer en uno de esos estados de melancolía que tan bien conozco. No debería asombrarme lo más mínimo que esto ocurra.  Estoy en el aire porque no sé dónde están mis sentimientos ni mis costumbres, estoy tristemente acompañada en este entierro y está él y estoy yo en un sofá a medio compartir donde olvidamos las palabras.

Vivimos y terminamos devastados. Mi terreno como el de muchos otros se ha ido quemando poco a poco. ¿Cuántos incendios he soportado sobre mi piel? He sido la copa donde ha rebosado la pasión, la cordura, la disciplina, la irresponsabilidad. Hacerse a uno mismo en todas las desforestaciones, crecerse en la adversidad, dejarse regar, aprovechar algún que otro rayo de sol, helarse en la tormenta y aun así permanecer esperanzada en el verde, ante los turistas que han puesto sus sucias manos en mis frondosas hojas, mientras paseaban por mi interior, me ha alcanzado y ahora me pregunto en este lugar en el que cohabito, con el que copulo noche tras noche, bajo la caja fuerte en la que me he encerrado: ¿Cuál es la medida de la gota que colma el vaso?. Tengo una imagen clavada en mi memoria que hace que repita “no olvides el dolor” y tengo libros que acumulo y meto en cajas. Tengo una arcada, un mareo, un casi me caigo redonda. Todas las veces me han dolido. En todas escuché un crujido en la parte izquierda de mi anatomía, en todas me perdí de vista y en todas me rompí el corazón. Prefiero pensar que está aquí porque no tiene donde ir. Soy un barco encallado en una roca que intenta, disfrazado de buena voluntad, desencallar con la intención de recomponer mis partes rotas. Las palabras olvidadas se agolpan en mi garganta y salen por mis ojos.

Aquella maldición que me persigue desde niña, bajo un dedo inquisidor, que pre- fabricó a una hacedora de milagros para ganarme el Reino de los Cielos, se ha revuelto. ¿A quién debo perdonar mientras andas desnudo por el hogar que estoy a punto de abandonar? Ya no tengo fuerzas para derramar otra cosa que no sea un líquido inocuo. Estas son las últimas muestras de desamor que puedo regalarte. No hay nada aquí dentro que no sean demasiados intentos de creer y demasiadas veces repetidas. Es este un camino individual que debo transitar. Es este un espacio demasiado reducido donde prefiero ahogarme a solas. Paseas por la casa despeinado. Me gusta observarte cuando no te das cuenta, conservas el andar torpe de una juventud que tanta gracia me hacía en los años donde coincidíamos en la hora punta del metro de Madrid que se paraba llegando siempre tarde. Nada esta en movimiento. No queda nada de aquel maldito tempo.

Te empeñas en enseñarme la mejor versión de la cara b de un disco rayado. Has olvidado todas las palabras que se enquistaron dando con una que lo único que conserva es memoria. La memoria de un pasado que se me enreda en las costuras. Una piel a tiras que he querido mudar. Es este sin duda un paseo que debo recorrer. La última purga de selección personal. La última limpieza. El último despojo para que deje de supurar la herida. Hablas sin parar. Palabras huecas que rebotan hacia el mismo lugar que las pronuncia. Ya no me llegas a los rincones. Ya no te asomas a mi costado. A mi lado se quiere acostar un fantasma repetido que pronuncia mi nombre a todas horas. Me levanto sabiendo que es la última noche entre estas cuatro paredes de las que me he ido despidiendo a paso de tortuga, arrancándome un caparazón, llevándome una mochila a la espalda que suma otra más a todas las mochilas.

Cupido, ese enano abusón

Contrariamente a lo que mucha gente piensa soy una ferviente defensora del amor aunque este verbo no me haya defendido mucho, gracias a él he hecho el ridículo de las maneras más inverosímiles e inimaginables difíciles de describir en un pequeño texto pero para que os hagáis una idea tuve una época en la que si quedaba con un futuro romance en la  primera cita, sin sentido aparente, me tropezaba en el mejor de los casos o me caía de bruces en el peor de ellos, provocando la risa del simpático que acababa de dejar de verme como una posible amante y me convertía automáticamente en la graciosa chica con la que le encantaba pasear, no sé si para verme estampada contra el suelo o porque le parecía una anormal con buena conversación. Sin embargo, lo mío con el amor es más preocupante que un accidente con rotura de medias y magulladura en la rodilla y es que hace poco me entere que no formo parte de la media de la población mundial que engloba las dos teorías respecto al motivo por el cual elegimos a unos y a otros no, a saber, la teoría evolucionista y la teoría social.

La teoría evolucionista defiende que elegimos a las parejas con las que mayores posibilidades tenemos de sobrevivir y reproducirnos, por ello  se dice, se comenta, se cuenta que a los hombres les interesan las mujeres más  jóvenes con las que pueden traer criaturas al mundo y con mejores genes, es decir, las más guapas y a las mujeres nos gustan los hombres con los que nos podemos sentir más protegidas y proveídas, es decir, los más fuertes y más adinerados, por ende yo que soy un cañón y estoy a punto de empezar a tomar unas pastillas que tienen nombre de campesina para los sofocos lo máximo que puedo traer a este mundo es un gato y seguramente el hombre que me guste sea alérgico a ellos de ahí que me descarten a la primera de cambio y los candidatos que se me presentan adinerados y protectores me parecen un supino coñazo faltos de ingenio, creatividad y demasiado clásicos por lo que ni siquiera me fijo en ellos y es que además de estar buenísima y ser una cuarentona en toda regla me interesa muy poco lo material llevándolo cada vez más crudo. Por el contrario, la teoría social defiende que no se trata de razones biológicas aquellas por las que elegimos a la pareja sino sociales basadas en los roles que juegan los hombres y las mujeres en la sociedad sintiéndonos siempre más atraídos por ese compañero o compañera que ella espera para nosotros, de manera que es imposible que encaje en este grupo de riesgo porque a mí me gustan los dejados, despeluchados, atormentados, incomprendidos, extravagantes y si es posible con algo de mugre y yo no les debo de gustar a ellos porque soy una gafa pasta muy perra, sorprendente, curvilínea, elocuente y mágicamente colosal, modestia aparte.

Si además tenemos en cuenta las cinco leyes de la atracción por excelencia la cosa se pone peor:

La ley de la familiaridad explica que el roce hace el cariño de ahí que muchas personas se terminen enamorando en la oficina. En mi caso como soy una suertuda y estamos en plena pandemia mi roce no va más allá de una hora con la señora de la limpieza, que es muy agradable y me recuerda a mi propia madre pero de la que sería imposible enamorarme aunque no lo descarto, por lo que es totalmente imposible que me encuentre con el desgarbado de turno hasta que la situación que vivimos no se solucione, no crean que no he pensado en cambiarme de trabajo para tantear otras instalaciones y el personal que las habita pero me parece muy arriesgado a estas alturas de la película moverme de país, que me metan un palo por la nariz en el mejor de los casos o por el ano en el peor de ellos sólo por amor no creo que sea la solución a mis problemas.

La ley de la atracción física explica que nadie quiere pasar un tiempo como pareja con alguien que encuentra repelente salvo yo, que suelo ser la excepción a la regla y prefiero todo aquello que se salga de lo común pudiéndome enamorar de un tic nervioso, una arruga de una frente, unos pies enormes o la calva de un monaguillo y aunque los más guapos buscan a las más guapas, yo que soy un bellezon ni siquiera me fijo en la belleza del otro porque para guapa ya estoy  yo, de manera que la operación matemática que explica que positivo más positivo es igual a negativo conmigo se llevó la palma.

La ley de la personalidad por el contrario centra toda su atención en la inteligencia y la calidez, es decir en la medida que seas una persona inteligente y a la vez se te sienta cercana y cálida tienes mucho a tu favor y aquí es donde viene la madre de los tomates porque yo soy muy inteligente pero aparentemente fría como un tempano con una sobredosis de autosuficiencia extrema que sólo se torna en fuego en la cama y como podréis imaginaros duermo sola los trescientos sesenta y cinco días del año porque como además soy muy sincera y franca me molesta el calor del cuerpo del otro en verano y el arrumaco sin sentido del otro en invierno, así que es prácticamente imposible que pille más allá de un constipado.

La ley de la proximidad es una de las que más nerviosa me ponen. Al no soportar que invadan mi espacio vital salvo cuando quiero invitar a uno de los tantos atípicos hombres que transitan por el mundo, el hecho de que alguien se me acerque más de lo normal y sobre pase la línea del espacio invisible que yo he marcado hace que salten todas mis alarmas y las pajas mentales y no mentales que me hice antes de tenerle de frente se disipan como se han disipado todos y cada uno de los contactos de mi agenda que se convirtieron en padres de familia y  que mantienen un precioso recuerdo mío a las cinco de la mañana borracha como una cuba cocinando una paella por esas cosas que a mí me pasan cuando me pasan las cosas.

La última ley, la ley de la semejanza es la prueba de que Cupido, ese niño travieso de ricitos rubios que hubiera querido tener si realmente me hubieran gustado los guapos de pelo rizado, no me lanzo una flecha sino que me dio un golpe en la cabeza y se quedó tan a gusto, porque si bien se supone que nuestra pareja no tiene que ser idéntica a nosotros si debería parecerse a nosotros y aquí es donde viene el quid de la cuestión, parecerse a mí es algo parecido a un tormento diario que se obsesiona con la alarma del despertador poniéndola tres veces cada cinco minutos, comprueba que ha apagado todas las luces antes de salir de casa dos veces, no plancha nunca porque mantiene la teoría de que todo bien doblando se estira solo y es incapaz de mostrar sus oscuros pensamientos a pelo por lo que seguramente también el pretendiente en cuestión sería adicto a algún tipo de sustancia química que le hiciera ser más sociable y así dos personas no pueden vivir en el amor sino mas bien en un psiquiátrico y atados para que no lleguen a tocarse no vaya a ser que descubran que no eran tan el uno para el otro.

Lo único que me consuela de este asunto es que el investigador de estas leyes reitera que estas sirven para elegir a los candidatos, pero no para la selección final pues nadie esta exento de sufrir en el tiempo una decepción con el que parecía tu doble o con el que tenías muchos puntos en común. De manera que, aunque la sociedad nos empuja a una tienda determinada y yo soy más de comprar en el chino lo que es realmente esperanzador es que no puede obligarme a comprar el producto que ella quiera así que, aunque estoy en bata, en moño y sin la cara lavada, puedo afirmar que sigo en el mercadillo creyendo fervientemente en el amor de un hombre invisible que me regale un par de tangas de colores fluorescentes por tres euros para no perderme de vista en la oscuridad, cada uno tenemos nuestras propias fantasías.

Frente a Yemaya

A veces me siento frente a ti y te pregunto: ¿hacia dónde vamos?  Escucho las ráfagas de un viento que traes como sustituto de los malos humos y de la ensordecedora timidez que azota mi corazón, consintiéndome este tiempo fuera del mar. Me señalas con tu sonrisa y haces un gesto para advertirme quien merece ser escuchado y con tus altas olas borras de la arena las palabras que marcan mi interior, manteniéndome imperturbable, inherente a todo sin sentido. Te coloco donde puedo y salgo para celebrar que todos los días son tuyos y que ambas tenemos una relación que nos une desde este lugar sin mar. Hubiera sido maravilloso poder leer todos los pattakis desde aquella azotea donde la bahía en la que sigues te hace inmensa. Dicen que cuando te asomas al Oddun todos los Babalawos tienen que rendirte pleiteisa y tocan con la frente el tablero en honor a la que fue la transmisora del secreto del Diloggun para Orula. Cuentan que por ti Olofin le dio agua a todos los Santos perdonando a los hombres, pues no podía una Diosa beber de un charco que no fuera claro ni arrodillarse para evitar una sequía, que pusiste a hervir las profundidades convirtiéndolas en remolinos elevando al mismísimo Shango para recordarle que eras su Iyare. Fuiste capaz de enseñarle la inmensidad de tus propiedades a Oya evitando comer juntas incluso todavía y te cortaste tu hermosa melena para que tu hermana Oshun se hiciera una peluca regalándole todo el oro de la tierra, convirtiéndote en una de las hijas de las dos aguas.  

Miro tu fotografía y tapo mi silueta con un dedo. Que yo exista o no es lo menos importante, estas tú y por ende todos los demás, los visibles e invisibles, los grandes y los pequeños, los perdedores y los triunfadores, los inseguros seres humanos que tanto queremos hacernos notar. Arrasas con las falsas oraciones y con las falsas promesas y todo comienza con la palabra cero en la que sólo existes tú, Yemayá. Entonces me recuerdo esperando el amanecer en compañía de aquel amigo que me llevo hasta el río a recoger una piedra para mi nuevo camino. Enciendo la fogata con mis personificados guerreros que cuentan anécdotas decoradas con brillantes frases o con algunas de sus últimas aventuras provocando carcajadas que son tuyas.

Durante años he dormido arropada bajo tu hechizo, he olido a sal, he sonado a caracolas, me he llenado de todos sin excluir a ninguno de mis amantes muertos mientras paseaba con el vientre hinchado mirando tus horizontes. Me liberaste de la mercancía de la primera pesca en la que me deje atrapar para que aprendiera a recuperar mi cola, negando un amarre a mis pies sin escamas cuando era como una sirena enredada cazada por las prisas. Por eso, algunas noches de luna llena viajo a las faldas de tu orilla, justo en ese preciso momento en el que el fuego parece apagarse para que me ayudes a soplar las pocas cenizas calientes que quedan.

La vida “sesi” de Asis Percales

Pasear por la jungla de Asis Percales tiene cierto peligro, en cualquier momento un tigre parece salirse del dibujo y lanzarse sobre ti, un grano de café se te puede meter en un ojo y un guante de boxeador romperte la mandíbula. La selva bizarra de Asis irrumpe para quedarse en la memoria. Sus insólitas imágenes de valientes personajes combinan con lo espléndido y generoso del creador. El ilustrador se introduce en sus propias creaciones. Él es una criatura salida de una de sus ilustraciones. Sea como sea en ellas el espíritu de diversión y sano gamberrismo quedan latentes para hacernos más ameno esto que llaman vida y que Asis colorea sin cesar. Cuando observo la obra de Percales me parece que estoy ante un artista que habita en todos sus trazos colocándolos en cualquier elemento que se le ponga por delante ya sea una pared, un botijo, un plato, una camiseta, un calendario, una pegatina, una portada de un disco y que estoy ante un hombre que se nos mete en la anatomía humana para desenredar los enigmas de una mente sana o despellejarnos la piel mostrándonos los verdaderos huesos de los que estamos hechos.

 En su trabajo lo esperpéntico de la existencia se embadurna de belleza y el reflejo del concepto de lo que se considera ridículo en determinadas circunstancias se transforma en elegante, reconociéndonos en la pasión como un “se me hace la boca agua” porque nos ha leído las mentes y nos dibuja todo lo que no somos capaces de decir. Percales nos entiende, entiende que estamos en un mundo donde los valores humanos deben, ahora más que nunca, salir a flote para que nuestro gato encerrado se libere de la angustia que tan bien ha expresado doblegándole en el reloj de arena donde nos encontramos. Percales nos lee las cartas, nos augura buenos deseos y nos ilumina para después provocarnos una sonrisa cuando anuncia una camiseta ideal para nuestras quedadas de Tinder, no sin antes recordarnos “no pelearse chiquillos” y que el corazón se ramifica para darnos frutos silvestres que debemos regalar.

Si hay algo que me gusta del estilo de este artista es la presencia de sus orígenes venidos del campo que refleja en las raíces que expande en sus creaciones sintiéndose orgulloso de ellas y que son la constante en toda su obra. Nos incluye haciéndonos participes de esta bella diversión que son sus imágenes enrevesadas mostrándonos situaciones de la vida cotidiana llenas de humor y eliminando la tristeza en aquellas que arrojan nostalgia. Asis nos hace el lio para que pensemos más allá de la aparente realidad y nos traslademos con él a un viaje sensitivo espontáneo y abstracto. En nada de lo que hace Percales existe la rutina, incluso en sus creaciones en blanco y negro hay un baile de figuras que nos dan que pensar eliminando toda dualidad que pudiera parecer lúgubre o siniestra.

En la antesala de lo extravagante y atrevido de la obra de Asis Percales hay un canto para la esperanza y hay un intento de transformar el mundo lanzándonos mensajes subliminales brillantes y coloridos que traen a mi memoria una frase que se repite constantemente cuando me detengo a estudiarle, a saber, “las mejores ideas vienen como chistes. Haz tus pensamientos tan divertidos como puedas” y es que este artista nos hace sonreír y reflexionar a partes iguales y pienso si será consciente de que no sólo está creando, sino que esta haciéndonos el viaje más fácil.  

Si miras una obra de Asis fijamente y después cierras los ojos verás que sus figuras siguen clavadas en el subconsciente y continuaras viéndolas por un buen rato. Al fondo, un poco más allá, si te fijas bien hay un luminoso que reza “la vida es sesi” porque a este artista se le entiende con los sentidos. Que no se me olvide decírselo cuando le vea.

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